domingo, 6 de noviembre de 2011

Historia de La Unión



El 1 de enero de 1860 es la fecha clave para atender al tratamiento histórico de lo que hoy constituye el término municipal de La Unión. En ese momento las poblaciones cartageneras de El Garbanzal, Herrerías, Portmán y Roche se instituyen por orden real como municipio independiente en el año 1868. Antes habían sido muchos los pobladores que llegaron hasta estas tierras y se asentaron en ellas, observando un paisaje inigualable y unas posibilidades extraordinarias que les brindaban sus recursos naturales. La trayectoria histórica de este lugar ha permanecido ligado íntimamente a lo largo de toda su existencia al aprovechamiento minero de sus yacimientos de plomo, plata, cinc y hierro fundamentalmente, lo que marcó el carácter económico, social y cultural de este lugar.
   Desde los tiempos prehistóricos, en los que aparecen en tierra unionense los primeros restos de ocupación humana, existen evidencias del paso de íberos, fenicios, cartagineses y romanos, dedicados al aprovechamiento de las riquezas que les ofrecía la sierra. Tras un vacío de siglos en los que la ocupación fue inexistente, el territorio de La Unión reaparece con vigor en el siglo XIX. Son los años dorados, a los que sucederán períodos de decadencia, que finalmente concluyen con el inicio de una nueva etapa fuera del ámbito minero, en la que se encuentra el municipio en la actualidad. La Unión ha sido, y sigue siendo, una ciudad distinta e insólita, minera y 'cantaora'.
prehistoria: Ya los hombres prehistóricos supieron percibir las riquezas minerales ofrecidas por la Sierra Minera de Cartagena-La Unión, como queda atestiguado en los hallazgos encontrados en Mina Balsa, Atalaya y Cabezo Agudo, principales yacimientos arqueológicos de este paraje. Estos primeros pobladores llegarían desde la vieja Mastia, otorgándole al territorio el nombre de Iluro, luego repetido en diversos puntos por los íberos. Fueron los factores biológicos, ecológicos, geográficos y topográficos los que propiciaron la instalación de pueblos primitivos en esta zona. El encanto residía en las posibilidades ofrecidas por su sierra y en la salida al mar de Portmán, considerada por algunos como una de las bahías más encantadoras que existen.
   Llamado así por su forma cónica, el Cabezo Agudo se encuentra a un kilómetro de La Unión. En este Cabezo se encuentran restos de muros y cerámicas; habitaciones alineadas, rectangulares o cuadradas, con aparejos muy pobres; cenizas y escorias de plomo con algo de plata e indicios de cobre; ejemplares óseos (mandíbula de carnívoro, molares de solípedo, colmillos de jabalí, huesos calcinados de articulaciones...); y vidrios irisados. Existen en este yacimiento objetos con una cronología prehistórica por lo que, aunque esporádicos, no son inexistentes los vestigios de los pueblos más primitivos. Se trata principalmente de algunos objetos de hueso, piedra y metal: rueda de molino, láminas, puntas de cuchillo, agujas, sortijas, cucharas y urnas.
   Civilizaciones mediterráneas
   La situación marina de Portmán favoreció la llegada hasta estas tierras de viejas naves fenicias, que se interesaron por el enclave. Aquí desarrollaban una de las actividades en las que este pueblo primitivo era más experto, la minería. Su misión en esta zona fue exclusivamente comercial. Los fenicios fueron auténticos maestros en el arte del aprovechamiento mineral de la tierra y supieron sacar provecho del descubrimiento de Iluro. Existen restos en el Museo Arqueológico de Cartagena de viejas anclas de hierro, que los fenicios cambiarían por plata de las minas. Existe una leyenda fenicia que habla de un habitante de Mastia llamado Aletes, quien descubriría las minas de plata del Cabezo Rajado, por lo que sus conciudadanos le divinizaron, edificándosele su propio templo en el actual Cabezo de los Moros. Este templo sería luego destruido en el año 425, quedando ungido este personaje como ídolo minero.
   También fueron rescatados de las excavaciones, llevadas a cabo en el yacimiento arqueológico del Cabezo Agudo, cerámicas de procedencia helenística y restos íberos, lo que asegura una presencia, al menos comercial, de estos antiguos pueblos. Quedan vestigios considerables sobre las actividades industriales, mercantiles y militares de estas gentes: escorias de los minerales beneficiados y utensilios de experimentación; cerámicas campanienses, que evidencian el contacto con el mundo helenístico; ánforas, cuyas marcas indican una relación con los centros vinícolas y aceiteros de la Bética y la Tarraconense, armas y proyectiles... La suerte de la comarca permanece unida desde sus primeros momentos a la de las minas.

antiguedad :   Los cartagineses
   Durante el período de dominación púnica estos pobladores encontrarían en el enclave unionense destacados recursos en sus minas. Esto supuso que, junto al esparto cartagenero, formara durante bastante tiempo la base de su economía en los años de las luchas contra Roma. No eran gente minera, pero las necesidades que requerían en esos momentos urgían de sus explotaciones. Parte del esplendor que adquirió Carthago se debió a las minas unionenses. Con la plata acuñaron las monedas, con las que pagaban a los mercenarios púnicos para la guerra que mantenían con Roma. No obstante, el poderío minero no se desarrollaría hasta los tiempos de la ocupación romana.
   Las minas mastienas fueron para Roma lo que el descubrimiento de América para España. Los romanos, buenos exploradores del terreno, fueron entonces los que mejor supieron aprovechar en esta tierra sus recursos mineros, estableciéndose aquí algunos enclaves relevantes, que dieron lugar a la aparición de la villa romana de Portmán. El antiguo 'Portus Magnus', origen de su actual denominación, fue el punto de llegada del pueblo romano, atraídos hasta esta zona por su riqueza mineral. A la vez se convirtió en el punto de partida desde donde salían los minerales hacia Roma. Los romanos trajeron consigo a miles de esclavos, que iniciaron la apertura de túneles y galerías para buscar el mineral.
   Los romanos
   Testimonios de la huella romana en esta tierra se tienen en el viejo Cabezo Rajao, lugar que constituye hoy día uno de los principales símbolos del municipio. También se han encontrado restos romanos en la Atalaya. Lamentablemente, este último yacimiento ha sido expoliado violentamente. Los pueblos de la antigüedad unionense realizaron trabajos asombrosos por el esfuerzo que suponían, en tiempos de escasos adelantos técnicos, facturas tales como el tajo del Cabezo Rajao. Son bastante abundantes las series romanas de monedas encontradas en estos parajes, junto a otras de procedencia hispánica y africana. El poblado iberorromano del Cabezo Agudo se estableció, como venía siendo habitual entre los pobladores del entorno murciano, sobre un asentamiento anterior de las primeras Edades del Metal. Aprovecharon así la favorable situación topográfica del emplazamiento, cercano a ciudades tan importantes como Carthago Nova.
   Se tienen pocos vestigios de la época del Imperio, pero se cree que el asentamiento romano perduró hasta los tiempos del emperador Augusto cuando, al igual que pasara en el resto de la España romana, la explotación de las minas adquiere su mayor apogeo en los primeros tiempos de la época imperial. Después, el monte sería abandonado como hábitat permanente y la actividad minera cesó, hasta casi desaparecer. En la actualidad, muchos de los vestigios encontrados en el municipio de La Unión, de época romana, se encuentran en el Museo Arqueológico de Portmán.

edad media :
   Las invasiones bárbaras
   Desde los años finales del Imperio Romano hasta el siglo XIV la decadencia de la zona fue pareja a la de todo el litoral. Esta circunstancia vino motivada principalmente por las continuas invasiones de bárbaros, bizantinos y musulmanes, así como por los ataques de la piratería berberisca que tantas veces asolaron la costa del sureste de la Península Ibérica.
   Durante los años en los que la Península fue abordada por los numerosos pueblos bárbaros, el territorio de La Unión estuvo prácticamente despoblado, llegando casi a desaparecer la actividad minera. Se conocen algunos episodios sobre la presencia eventual de algunos de estos pueblos en esta zona, como cuando en el año 425 los hombres de Gunderico, Rey de los vándalos, arrasaron las calles de Cartagena y sus alrededores.
   La dominación islámica y la Reconquista
   Con la llegada de la ocupación musulmana, la presencia árabe fue escasa en la tierra unionense. Se habían beneficiado de algunas minas andaluzas, pero no se interesaron por la explotación en La Unión. Sería ya en tiempos de la Reconquista cuando comienza a tomarse en serio la minería murciana. En la centuria del 1300 comenzó la explotación oficial de la minería unionense. En las Partidas de Alfonso X 'El Sabio' se reservan las minas para la Corona, aunque podían ser otorgadas a particulares a través del pago de tributos. En 1387 se promulga una ley en las Cortes de Briviesca por la que se autorizaba a buscar, catar y cavar las minas. En tiempos de los Reyes Católicos se firman ordenanzas, que premiaban los servicios y derechos de la gente minera.

edad moderna :

   Poco se conoce sobre La Unión Moderna ya que, aunque el despegue minero había dado comienzo, aún tardará siglos en alcanzar relevancia. Hasta el siglo XIX los pobladores de la futura La Unión, Herrerías y El Garbanzal subsistirán volcándose en una explotación ganadera y agrícola, que no les ofrecía beneficios considerables. No por ello, sin embargo, la explotación minera deja de estar presente en el territorio.
   La preocupación de la Corona por las minas cartageneras
   En 1527 el emperador Carlos V otorga una licencia a Francisco de los Cobos para explotar los metales del término de Cartagena, donde se situaba La Unión. Existen documentos que hablan del oro en la sierra cartagenera. Posteriormente, Felipe II firma en 1587 una orden que concede a Felipe del Río el permiso para beneficiar la plata y el plomo de Sancti Espíritu, monte sobre el que se levanta hoy día La Unión.
   La fantasía también envolvió el entramado de la minería, al abrirse las imaginaciones a los posibles descubrimientos de riquezas en las minas. Tal fue el caso de la autorización de Felipe III para explotar una de las minas de Portmán, asegurándose la existencia de "piedras de amatista negras y moradas, y hasta zafiros de deslumbrantes brillos". También en época de Carlos III se denota el interés minero, concediendo diversas licencias para el laboreo en las minas de Cartagena.

edad conteporanea :  1840: arranque de la minería contemporánea
    La resurrección de la minería contemporánea de La Unión despegaría a partir de 1840, inmiscuyéndose en la dinámica general del territorio minero español. En estos años el pueblo unionense será la 'California española' por los ricos yacimientos mineros, que se escondían bajo sus tierras y que tantos beneficios otorgaron con su explotación, no sólo a nivel local sino nacional. Se trataba entonces de una minería subterránea, en la que harían su aparición las primeras fundiciones del mineral, surgiendo la industria metalúrgica, que tantos beneficios aportará a los vecinos de este término.
   Una de las principales consecuencias de este auge minero fue el increíble aumento poblacional de la zona, gracias al importante aporte de la inmigración andaluza, que se asentaría en las zonas murcianas de mayor actividad minera. Hasta La Unión llegaron, sobre todo, gentes procedentes de Almería. Se ha hablado en este sentido de un verdadero 'contagio social' de personas atraídas por los rumores de la bonanza económica, que abría las esperanzas de muchos de los trabajadores más humildes y de algunos empresarios, que soñaban con llenar sus arcas a base de las explotaciones mineras.
   La instauración de la villa unionense
   El ascenso de las poblaciones de El Garbanzal, Herrerías, Portmán y Roche acarrearía importantes consecuencias, no sólo desde el punto de vista económico. Había llegado el momento de constituir su propia territorialidad administrativa y jurídica. Hasta ese momento habían estado adscritos a la jurisdicción cartagenera. Viéndose capacitados para ello, solicitarían la segregación de Cartagena para constituirse en municipio con Ayuntamiento propio. Esto se conseguiría el 1 de enero de 1860, cuando por Real Decreto de la Reina Isabel II aparece la denominada entonces como Villa de El Garbanzal, que integraría a todas las poblaciones citadas.
   En 1868, debido a las desavenencias de los vecinos de los principales caseríos de este nuevo núcleo poblacional, pasó a denominarse La Unión. Pero esa 'unión' no había sido nada fácil. Las zonas fueron fuente de intensa discordia, a consecuencia del poder que estaban adquiriendo, motivado sobre todo por la inmigración. Herrerías pretendía formar su propio municipio, pero El Garbanzal se oponía a ello. Cuando en el año 1868 llegó el general Prim hasta tierras cartageneras se haría eco del problema, proponiendo que ambas se uniesen en un sólo municipio, que tendría el nombre de villa de La Unión, y así fue como se hizo.
   A pesar de los grandes beneficios que aportaba la actividad minera, también estaba sujeta a importantes períodos de crisis propios del sector. Esto provocaba temibles recesiones, que afectaban a todos los vecinos, puesto que la gran mayoría estaban vinculados a este mundo de minas y mineros. Los resultados pecuniarios, aunque elevados, eran muy débiles por su escasa capitalización, a expensas siempre de las fluctuaciones de la Bolsa de metales de Londres.
   Los años dorados de La Unión
   Una nueva etapa de esplendor se daría a conocer desde finales del XIX y principios del XX. Es el gran momento de La Unión, sus años dorados. En esta ocasión ese auge minero no sólo se vio reflejado en el nuevo incremento demográfico, sino que también se percibió en las importantes reformas urbanísticas, que se llevaron a cabo en esos años y que le dieron una mayor categoría a la localidad: el edificio del Mercado Público, la Casa del Piñón o la Iglesia del Rosario.
   Las grandes expectativas del nuevo panorama contribuirían, a su vez, a un enriquecimiento general de toda la comarca. Se llega incluso a decir que en esos años La Unión adquiere una importancia más relevante que la de su vecina Cartagena, por la llegada de miles y miles de trabajadores de la Alta Andalucía y Murcia, que instalaron allí sus hogares y sus familias. Es popular la frase de aquél entonces que decía que los ricos se "encendían sus puros con billetes de cien pesetas", símbolo de la buena coyuntura económica del momento.
   El trabajo en las minas, aun aportando unos beneficios económicos nada desdeñables, no dejaba de ser una actividad peligrosa. Los trabajadores carecían de garantías laborales, sus horarios eran disparatados y en unas condiciones lamentables, expuestos a enfermedades irreversibles que les perseguirían toda su vida, y con unos salarios que no recompensaban todo el esfuerzo que realizaban los mineros, que bajaban cada día a los túneles arriesgando sus vidas. La presencia de heridos, víctimas de las labores mineras, era cotidiana, llegando a crearse un espacio exclusivo para ellos, el Hospital de Caridad de Portmán. Además, la mayoría de la fortuna generada por el mundo minero marchó fuera de las fronteras unionenses. Con la plata de sus minas se construyó, por ejemplo, el Palacio de Aguirre o la casa señorial de la calle Jabonerías de Cartagena (hoy parroquia de San Antonio).
   La crisis de la minería
   Desde las primeras décadas del novecientos la decadencia minera se hizo infrenable, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial en 1914. La Unión dependió económicamente a lo largo de su Historia de la marcha de la minería nacional. Los años de la Guerra Civil fueron muy duros para el pueblo minero, siendo la escasez y el hambre la nota dominante. No obstante, el pueblo, pese al descontento social, no protagonizó ninguna revolución social como sucedería en otras zonas mineras como Asturias, quizá por la confianza de los ciudadanos en los políticos republicanos y en la pequeña burguesía.
   La mejora económica y minera llegó más tarde, a partir de los años 50', con la modernización de los métodos de explotación minera, reutilizando zonas explotadas y abandonadas en épocas anteriores, aprovechando los materiales de desecho abandonados por sus antiguos pobladores. En estos años la compañía multinacional Peñarroya emprendió entre 1957 y 1988 un monopolio de explotación en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión, incorporando métodos de producción avanzados mediante una fuerte inversión y planificación. Los beneficios no incidirían solamente a la economía de la compañía, sino que también los trabajadores vieron mejorar sus salarios, a la vez que se generaba la creación de empleo y unas redes comerciales más fluidas. En el año 1988, con una situación ya de claro retroceso, el monopolio cambia de manos, esta vez a las de una compañía comarcal, Portmán Golf, que pretendió conjugar una minería marginal con el aprovechamiento turístico del entorno de Portmán.
   La bonanza no duraría mucho más tiempo, ya que en 1991, después de dos milenios de explotaciones, se procede al cierre definitivo de las minas. El agotamiento de los criaderos y explotaciones no hacía posible ni rentable la perduración del negocio. La extrema contaminación de Portmán levantaba cada vez con más fuerza la alarma social. Una de las variables que más afectaron a esta decadencia irreversible fueron la caída de los valores del metal en el mercado internacional, con el que se hacía imposible competir. La inviabilidad de proseguir con él se iba convirtiendo en una realidad ineludible.
   La ciudad se había ido convirtiendo en una ciudad dormitorio desde los años 80', la decadencia de la minería ya era un hecho visible, y la industria que esta actividad generaba era más bien escasa. Desde finales de los 90' se hace urgente la creación de un proyecto económico alternativo. Las consecuencias fueron terribles para una ciudad eminentemente minera, que durante siglos había estado volcada a una actividad que llevaba dentro de sus entrañas. Ésta fue, sin duda, la peor crisis de la Historia de esta localidad.
   Los restos del pasado minero
   La esencia minera en la actualidad sigue muy presente en el municipio. De las pocas cosas que quedaron de la vieja y tradicional ciudad minera está su cante, arte que aunque no les pertenece a los unionenses de raíz, está ya tan arraigado en su costumbre, que de alguna manera les corresponde. Fruto de la influencia flamenca de almerienses, granadinos o cordobeses, mezclada con los hombres murcianos que arribaron hasta estas tierras, junto con los oriundos de la zona, se formó una unión que hizo posible la aparición de un arte ya muy típico del folklore murciano, conocido como una trilogía 'minera, taranta y cartagenera'. Junto al trovo y la saeta conforman parte de la razón de ser unionense.
   El escultor Esteban Bernal esculpió un 'Monumento al Minero' de casi cinco metros en la plaza Joaquín Costa, que pretendía recordar "a las generaciones venideras que sus antepasados supieron, con su trabajo y sacrificio, dar fama y elevar a las más altas cotas a este rincón de la tierra murciana". Perdura de esos días un recuerdo visual ineludible, el de todo el paraje de la Sierra Minera, así como la nostalgia de observar con pesar el problemático estado de la Bahía de Portmán, consecuencia de los años de explotación. Aquella estupenda villa romana de antaño ya es Historia, desapareciendo incluso de las cartas marinas. Las industrias y la minería asentadas allí durante siglos fueron las causantes de la contaminación de la Bahía, puesto que todos los vertidos, que se realizaban, iban a parar directamente al mar. La explotación minera ha cambiado el paisaje y en general toda la sierra.
   En la actualidad se sigue analizando las formas y modos en los que las comarcas de tradición minera puedan salir adelante, forjándose un futuro próspero, con la mina y los mineros siempre presentes en la memoria. Existen jornadas y estudios sobre las alternativas de desarrollo en estas comarcas. En La Unión se ha estado planeando el aprovechamiento turístico de un paraje tan emblemático e histórico como es el de su sierra y vínculos mineros. La publicidad del Festival del Cante de las Minas supone una de las mayores atracciones para todos los visitantes.

informacion sacada de  http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=a,59,c,373,m,1871&r=ReP-5203-DETALLE_REPORTAJESPADRE




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